(Con música de fondo)

CELEBRACIÓN DE BODAS DE ORO

El testimonio de unos abuelos con una familia mundial

 De vuelta de España en las vacaciones estivales, volvemos a incorporarnos a nuestra misión, a la que nos envió S.S. Benedicto XVI. Lo hacemos con entusiasmo, rebosando nuestros corazones de paz y alegría, dispuestos a entregarnos con audacia y valentía a cuantas necesidades tiene la iglesia en estos tiempos, que son muchísimas y, como siempre, los obreros somos muy pocos.

 

Queremos contarles que en el pasado mes de julio, justo el día de la Virgen del Carmen, o sea el 16 de julio, mi esposa y yo cumplimos los 50 años de matrimonio, y lo celebramos con nuestros diez hijos, más los hijos políticos: yernos, nueras y 49 nietos. También se unieron nuestros respectivos hermanos y sobrinos de sangre y, como no, nuestros hermanos en el espíritu, en la fe; bueno, llegaríamos a unas 200 personas, más o menos. La celebración de nuestras Bodas de Oro fue algo impresionante: estaban invitados un Arzobispo, un Obispo, un Abad Mitrado Cisterciense, más otro Abad y 12 sacerdotes de los más allegados; queríamos hacer una celebración familiar, porque si nos invitábamos a amistades, muy bien que nos pasábamos de las 500 personas. Así pues, en la celebración de la Eucaristía tanto las moniciones a la Palabra como la proclamación de la misma estuvieron a cargo de nuestros hijos, así como las preces oficiales de la Iglesia y las preces particulares. Los cantos y la música lo llevaron todos nuestros nietos y fue tan maravilloso, tan verdaderamente emocionante, que todos los asistentes quedaron entusiasmados. Realmente los mas impresionados fuimos María y yo, que vimos que esa celebración era ni más ni menos que un paso de Dios por nuestras vidas y por nuestra familia, toda una bendición gloriosa del Señor y de la Virgen María, que ciertamente estaban allí presentes. Después de la Eucaristía nos fuimos todos al ágape a compartir nuestras alegrías en el Club Naval de Oficiales de la Marina de Guerra Española, donde el evento fue amenizado por una orquesta. Sentimos que fue todo un regalo de nuestro Padre Dios, que no se deja ganar en generosidad y da siempre el cien por uno.

 

Se cumple aquello de que  cuanto menos poseemos, más podemos dar. Parece imposible humanamente, pero no lo es; es la lógica del Amor, del Amor de Dios. Nosotros sabemos muy bien que lo que realizamos es menos que una gota en el océano. Pero si la gota faltase, el océano carecería de algo. En fin, todo se condensa en que en el momento de la muerte, realidad patente, no se nos juzgará por la cantidad de trabajo que hayamos hecho. No, no es así, sino más bien por el peso de Amor que hayamos puesto en nuestro trabajo. Y este Amor debe resultar del sacrificio de nosotros mismos y ha de sentirse hasta que haga daño. Dios nos ama profundamente tal y como somos, y sólo nos pide que confiemos plenamente en Él, en Su poder, en Su misericordia y que no dudemos nunca de Su Amor.

 

Ya sabéis donde nos tenéis, incondicionalmente a vuestra disposición, vosotros y cuantos quieran ponerse en contacto con nosotros, que nos darán una gran alegría. ¡QUE DIOS OS BENDIGA A VOSOTROS Y A VUESTRAS FAMILIAS!

Agradecemos a José Antonio y María, abuelos españoles misioneros, por compartir con SerAbuelos el testimonio de la celebración de sus Bodas de Oro.

 

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